ABELARDO.- Deberías de dejar de beber.
ENRIQUE.- Tranquilo, a mí el alcohol no me perjudica. Es mi compañero desde hace muchos años. Pero tú deberías de dejar esas mariconadas y tomar algo de verdad.
ABELARDO.- No te metas con mis zumos tropicales. Ya sabes lo que decía mi mujer, que a mí la bebida no me sienta nada bien.
ENRIQUE.- Pues si no te animas, a ver que hacemos aquí. Tú fíjate en mí, soy tu modelo, sólo tienes que imitarme.
ABELARDO.- Luego, tal vez.
ENRIQUE.- Aquí huele raro ¿no? Mira, ¿qué te parece esa? Fíjate qué delantera. Éntrale.
ABELARDO.- Quita, quita, es demasiado joven para mí.
ENRIQUE.- Pues a mí me gustaría verla en bicicleta bajando por una calle empedrada. ¡Vaya vaivén!
ABELARDO.- Que no, que no, que yo no sirvo para esto...
ENRIQUE.- ¿Y aquella rubia? Cámbiame el sitio para que vea mi lado bueno.
ABELARDO.- ¿Tú tienes un lado bueno?
ENRIQUE.- Claro, todos tenemos un lado bueno. Déjame que te mire para ver el tuyo. Tu lado buen es...
ABELARDO.- Sí, de espaldas.
ENRIQUE.- No seas aguafiestas. Si te has puesto tu traje bueno y todo.
ABELARDO.- Yo lo que quiero es irme a casa.
ENRIQUE.-¿A casa para qué? ¿Para ver otra vez el video de tu luna de miel? Lo tendrás gastado. ¿Qué olerá tan raro por aquí?
ABELARDO.- Es que cuando me pongo melancólico me ayuda mucho. Mi mujer estaba guapísima, con su anillo reluciente...
ENRIQUE.- ¡Que hace ya diez años, hombre! Olvídate ya de esa lagarta. Hemos venido para que ligues y lo vas a conseguir. Camarero, dos de esto.
ABELARDO.- Que no quiero beber, que mi mujer...
ENRIQUE.- ¡Deja ya de hablar de tu mujer y prueba esto ...! ¡Pero si el que huele eres tú! ¿Qué colonia te has puesto, hijo mío?
ABELARDO.- Sólo unas gotitas del bote que me regaló mi mujer cuando nos casamos, que apenas la he usado. Bueno y una loción para el afeitado que tenía por allí. Y un poco de brillantina en el pelo. Y también algunas cremas y perfumes que compré esta mañana.
ENRIQUE.- ¿Todo junto?
ABELARDO.- Hombre, como veníamos a ligar.
ENRIQUE.- Pues se te va a llenar la cara de moscas . Anda, retírate un poco.
ABELARDO.- Es que mi mujer era muy mirada para el olor corporal, decía que...
ENRIQUE.- ¡Pero bueno! A ver, ¿cuánto hace que te dejó tu mujer? ¿Cinco meses, seis?
ABELARDO.- Mi mujer no me dejó. Llegamos a un acuerdo.
ENRIQUE.- Sí, al acuerdo de que ella se quedaba con el piso y tú con la hipoteca. Hay que ser gilipollas.
ABELARDO.- Me dio pena, la pobre. ¿Dónde iba a ir?
ENRIQUE.- ¿Y tú? ¿A dónde has ido tú? A una pensión de mala muerte. Menos mal que me tienes a mí para salvarte. Vamos al grano. Mira aquellas dos del rincón, la morena no deja de mirarnos.
ABELARDO.- Si yo no sé ligar.
ENRIQUE.- Pero aquí está el maestro. ¡Si yo te contara mis correrías nocturnas mientras tú y los pobres casados como tú os aburríais en casa viendo la tele y cambiando pañales!
ABELARDO.- Yo no tengo niños. Mi mujer no quiso tenerlos.
ENRIQUE.- No me extraña con un pasmado como tú. Estaba generalizando, que no te enteras. ¿Sabes que la retención de semen embota el cerebro? ¿Desde cuando no...?
ABELARDO.- Eso son cosas mías.
ENRIQUE.- Oye, que la morena sigue mirando. Esa cae seguro. Camarero, dos más.
ABELARDO.- No seas iluso, somos unos vejestorios para ella.
ENRIQUE.- El iluso eres tú. Cómo se nota que no vives la noche. Estas jovencitas se vuelven locas por los maduros como yo. Están hartas de niñatos con acné que sólo hablan de motos y coches tuneados. Quieren alguien con experiencia, con estilo. Alguien como yo.
ABELARDO.- ¿Y tú por qué no te has casado?
ENRIQUE.- ¿Casarme yo? ¡Pero qué dices! Yo no estoy dispuesto a dejarme dominar por unas faldas el resto de mi vida. No voy a comerme un solo bombón estando la bombonera llena, y de distintos sabores. ¿Te has acostado alguna vez con una negra? ¿O con una china? ¡Tú no has vivido, muchacho!
ABELARDO.- Mi conciencia no me permitiría ir a una casa de esas.
ENRIQUE.- Oye, oye ¿qué hablas? Yo jamás he pagado un céntimo por estar con una tía. Nunca, jamás ¿entiendes? Pero si hay mujeres desesperadas a mogollón.
ABELARDO.- ¡Enrique, que la morena me ha sonreído!
ENRIQUE.- ¿No te lo estoy diciendo? Esta noche mojas. A por ella.
ABELARDO.- Que no, que no. Que no sé que decir. Ve tú primero.
ENRIQUE.- Tómate otra copa. Ya verás, aprende del maestro. Camarero, lleve dos de lo mismo a aquellas señoritas de nuestra parte.
ABELARDO.- ¿Tú crees que...?
ENRIQUE.- Si no hacen caso es que son lesbianas. Hay muchas.
ABELARDO.- La morena es guapa ¿verdad? Lleva el pelo como mi mujer.
ENRIQUE.- (Explotando, de pronto) ¡Ya está bien! ¡Pero qué pesado estás con tu mujer! Ya sé que estabas muy enamorado, que te encantaba volver a tu casa y encontrarte con ella esperando. Ya sé que no te cansabas de mirarla, de abrazarla, de besarla. Ya sé que nunca te sentías solo, que tenías a alguien para contarle tus problemas y tus angustias. Ya sé que te gustaba eso ¡A quien no le gustaría eso!
ABELARDO.- Pero tú...
ENRIQUE.- ¡Cállate! Ya me has hecho decir tonterías.
ABELARDO.- Mira, nos están saludando con la mano ¿Qué hago?
ENRIQUE.- Haz lo que te dé la gana.
ABELARDO.- Parece que les ha gustado lo de la copa. Se ríen.
ENRIQUE.- Sí, de nosotros.
ABELARDO.- Que no, que no. Que la morena se está levantando. ¡Huy, que esto se anima!
ENRIQUE.- Pero ¿qué dices?
ABELARDO.- Que viene para aquí. Venga, aprovecha tu sabiduría, maestro. Demuestra lo que sabes, que esta noche mojamos.
ENRIQUE.- ¿Qué viene aquí? ¡No puede ser! Yo me voy al servicio.
ABELARDO.- ¡Eso sí que no! No me dejes solo ahora
ENRIQUE.- Pero... yo... no sé... ¿qué... qué le digo?
ABELARDO.- ¿Pero tú no ligabas tanto?
ENRIQUE.- Hombre, tanto, tanto...
ABELARDO.- ¿Qué te pasa? Estás temblando.
ENRIQUE.- Me estoy poniendo malo, vámonos.
ABELARDO.- Ahora ya no, que está aquí.
CHICA.- Hola.
ABELARDO.- Hola, ¿qué tal?
CHICA.- Pues nada, para daros las gracias por las copas. Ya se lo decía yo a mi amiga: a estos dos los conozco de algo. Llevo toda la noche mirándoos pero no caía, hasta ahora. Vosotros trabajáis con mi padre ¿a que sí? Os vi en una fiesta de la empresa. Bueno, pues nada, lo dicho, gracias por las copas. Adiós.
ABELARDO.- Adiós.
ENRIQUE.- Adiós. Anda, vamonos.
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario